No sé cómo aún me sorprendo cada vez que pongo la tele o abro el periódico, y me encuentro con declaraciones abominables con respecto a la nueva (y, aún, próxima) ley del aborto... Una de las últimas (aunque parece que ya ha caido en el pozo del olvido, como tantas y tantas cosas aborrecibles que oimos cada día a través de los medios de comunicación y a las que parece que ya nos hemos acostumbrado, como si no tuvieran la más mínima importancia... y claro que la tienen!!!), la vertida por un energúmeno perteneciente a la cúpula de la jerarquía eclesiástica española, quién ha tenido la desvergúenza de decir que los abusos sexuales a menores revisten menos gravedad que el aborto... De verdad que me quedo boquiabierta :o(
Afortunadamente, nunca me he encontrado ante la disyuntiva de escoger si ser madre o no; siempre me he cuidado y he mantenido relaciones sexuales de forma segura, pero supongo que, como cualquier mujer sexualmente activa, muchas veces me he planteado qué haría si me viera ante esta situación y, desde luego, siempre he tenido claro cual sería mi decisión: no quiero ser madre y punto. Ya no soy una cría y no voy a permitir que nadie decida sobre qué rumbo ha de seguir mi vida... Y repito, siempre he tomado precauciones en mis relaciones, pero por desgracia, ninguna es 100% segura y, por este motivo, he conocido a algunas chicas que sí han tenido que enfrentarse con el trance de pasar por una experiencia que es cualquier cosa, menos una decisión fácil.
No entiendo el por qué de seguir llenando el globo de niños y, para más inri, no deseados.... Tampoco puedo comprender ese argumento tan manido de que antes que abortar, los niños sean dados en adopción... ¿y eso no nos resulta cruel? Por no decir que es una hipocresía total hablar de este tema, cuando somos el país europeo con menor índice de adopciones... Es curioso que todas y cada una de las personas que conozco que se declaran en contra del aborto hayan optado por la paternidad biológica sin haberse siquiera planteado mínimamente la adopción; así pues, esto sólo puede conducirme a reafirmarme en la idea de que somos unos cínicos y unos hipócritas que sólo servimos para imponer ciertas normas y cierta moral a los otros, pero autoindultándonos a nosotros mismos de esa condena.
Una de mis mejores amigas es adoptada; vivió hasta los 9 años en un centro de acogida y sólo ella sabe qué es pasar por ese trance y, desde luego, no es algo que pueda desearle a nadie. Y eso que casi se considera afortunada porque encontró una familia a una edad en que las probabilidades de hacerlo son muy bajas; de hecho sus dos hermanos no corrieron la misma suerte y terminaron cumpliendo la mayoría de edad bajo la tutela del estado y.... bueno, dejémoslo en que la vida no les fue demasiado bien...
Así pues, ¿por qué no dejamos de querer decidir siempre por los demás, y tratamos de ser algo más respetuosos con las decisiones ajenas? ¿Por qué es tan difícil (o tal vez sea más adecuado decir "por qué lo hacemos tan difícil"?) comprender que cada vida es única y todas están llenas de circunstancias especiales y distintas? Decía Ortega y Gasset: "yo soy yo, y mi circunstancia" y hay pocas frases más acertadas.
En cuanto al título de este post.... (que me gusta explicarlo todo), hace referencia a la película de mismo nombre del director rumano Cristian Mungiu, ganadora de la palma de oro en 2007 y una (cruda, eso sí) obra maestra, que nos muestra lo terrible de la situación en la que se encuentra una chica que ha de abortar de forma clandestina... Como poco, nos da algo sobre lo qué pensar de forma independiente que, en los días que vivimos, no es decir poco.
