Ya han pasado unos días desde que se produjera la muerte de Eluana Englaro, en Italia, y me ha dado tanto que pensar, ha sido tal la manipulación política y religiosa de este caso, que no quería dejar pasar más días sin dejar aquí plasmados parte de esos pensamientos...

Mientras Eluana fallecía, en el Senado italiano, ante el absurdo intento del gobierno de Berlusconi de sacar adelante una ley cruel, hablaba el oncólogo Umberto Veronesi, especialista en testamento vital. Pedía a los políticos que no aprobaran una ley ilógica e irracional, cuyo único objetivo era condenar a Eluana a vivir artificialmente hasta el infinito; de su intervención deberíamos hacer una segunda lectura muy interesante y abrir un debate social cada vez más necesario, en el que se debe replantear el papel de la medicina moderna, ya que en determinado casos no es una bendición curativa, sino una condena a cadena perpetua... No puedo creer que el deseo de nadie sea vivir o, mejor dicho, sobrevivir (y malvivir en demasiadas ocasiones) a cualquier precio; desde luego no sería el mío, ni el de nadie que conozca....

¿Cómo se puede declarar que se está "defendiendo la libertad", cuando precisamente lo que se está haciendo es todo lo contrario?? Lo único que el gobierno italino y el Vaticano han intentado por todos los medios ha sido obligar y condenar a alguien a existir (me niego a considerarlo "vivir") artificialmente, condenando así mismo a su familia a verla en esas circunstancias día tras día, año tras año, a no permitirles un minuto de paz....  Eso sí que es crueldad; porque el dolor, como todo en la vida, tiene un límite... y, yo creo que 17 años de sufrimiento sobrepasan lo humanamente soportable....

Luego me surge otra duda, que me llena de estupor y de rabia: ¿en qué pensaban las personas que fueron a las puertas del hospital a insultar a la familia y a pedir que mantuvieran a Eluana con vida? Esas mismas personas a las que se les llena la boca con la palabra "vida" y que observan en la televisión con total indiferencia cómo cada día fallecen miles y miles de niños y adultos por guerras y hambre en la mitad del planeta... No veo que se manifiesten delante del parlamento italiano  con el mismo fervor, llamando "asesinos" a los mandatarios de este primer mundo por consentirlo (y fomentarlo en muchos casos) con la misma facilidad con que se la escupen en la cara al padre de Eulana y a los médicos que se han hecho cargo de su caso...   Esa hipocresía me supera y me hace sentir enferma...  ¿Por qué nos cuesta tanto mostrar un poco de respeto ante el drama ajeno? ¿Por qué esa incapacidad para ponernos en el pellejo de otro y por qué esa facilidad para opinar sin ningún tipo de criterio, arbitrariamente, convencidos de ser los poseedores de la verdad absoluta? Quizá (y sin quizá) le debamos parte de esta (falsa) certeza de estar por encima del bien y del mal a la iglesia católica; esa iglesia tan temerosa de perder ni un ápice de influencia, ni una mínima cuota de poder, que prefiere ver a un padre vapuleado e insultado en su dolor, antes de mostrar cierta racionalidad... Es bien sabido por todos que el mayor enemigo de cualquier religión es la capacidad del ser humano para pensar por sí mismo (aunque a algunos, a veces, parece que se les olvida cómo hacerlo), por lo que no parece estar dispuesta a eliminar de su retórica habitual esos discursos catastrofistas, llenos de mentiras y de animadversión hacia todos aquellos que representen la diferencia; hacia aquellos que les plantan cara y que les recuerdan que sus años dorados pasaron... y, afortunadamente, creo que cada vez somos más.

Se me viene a la memoria la imagen del padre de Eluana; un hombre que debería haberse ganado, por derecho propio, el respeto de cualquier ciudadano, tan sólo por haber tenido el valor de enfrentarse a un gobierno anclado en el medievo y manipulado por la curia vaticana, y hacerlo siempre amparado en la justicia. La semana pasada leía un artículo de Roberto Saviano (el autor del best-seller "Gomorra) en que hacía hincapié precisamente en este punto: en el coraje, siempre respetuoso, de este padre, decidido a emplear todos los medios legales para conseguir que su hija muriese en paz... y quizá Italia y una gran parte de su población, aún no sean conscientes de la "deuda" social que tienen con él; del gran paso que ha dado este hombre, creando un precedente que casi se podría considerar histórico. Ya sólo por eso; por no haberse rendido pese a las trabas que ha encontrado continuamente en este escabroso camino de casi dos décadas, tiene todo mi respeto y mi admiración.

Por la parte que me toca, llevaba tiempo con ello en mente y después de ver lo que ha sucedido en este caso, he decidido firmar el Testamento Vital (que afortunadamente en España sí existe, aunque tengo mis dudas de que en la comunidad de Madrid, donde resido, se respeten estas últimas voluntades... pero de esto ya hablaremos otro día) para que, en caso de que me sucediera algo parecido, mi familia no tuviera que pasar por ese calvario...  Para mi, una vida en la que no se puede sentir, en la que uno no puede comunicarse, en la que no hay esperanza, no es vida, por más que un atajo de integristas religiosos quieran convencerme de lo contrario. Mi vida y la decisión de qué hacer con ella me corresponde sólo a mi, y ya que nadie me ha consultado si deseo vivir, si deseo formar parte de esta sociedad, lo mínimo es que yo pueda escoger cómo y cuando morir. Y sólo pido respeto, igual que lo pedía el padre de Eluana... ¿tan difícil es?